Por Ricky Noboa.- En la vida no hay mayor satisfacción que poder transitar nuestro camino ocupando el lugar que nos corresponde, ese lugar libre de adulonerías y oportunismos, donde la inversión del sacrificio para realizarnos sea la percepción de saber recibir las oportunidades que el talento, acompañado de la consistencia y la capacidad de desarrollarnos, no tenga que atropellar y obstaculizar a los que sueñan con nuestros sueños.  Esa convicción de progresar sin negociar el honor y la dignidad es la mejor arma para derrotar a aquellos que aspiran ser un obstáculo en nuestros propósitos, ya que terminan siendo víctimas de sus propias miserias.  No es honorable pisotear la incapacidad del que teme, no es virtuoso insultar lo inferior, es preferible instruir al insolente mediocre y perdonar al humilde para conquistar las metas.  El que carece de valentía para ascender frustra la victoria con su derrota.  Las posiciones y conquistas que vamos logrando deben servirnos para multiplicar nuestro respeto; valorando lo que nos rodea, aprendiendo de las diferencias conceptuales y apreciando a las personas por su honestidad y educación.  Las limitaciones en los principios terminan por despedir de manera lastimosa a quien se descalifica en la mediocridad de sus acciones.  La vida tiene su tiempo para poner las cosas en su justo lugar.  No hay mayor satisfacción que transitar en el carril que nos pertenece, porque al mirar hacia atrás, siempre veremos el espacio de los perdedores.