Ante la creciente ola  de exclusión y deficiencia de las políticas públicas estatales,  se hace necesario que los ciudadanos inicien un viaje sin retorno hacia la construcción de un ejercicio  crítico y responsable.

Este pueblo y los individuos que la integran no pueden continuar por el peligroso camino de buscar de manera individual  soluciones a problemas que son en su gran mayoría de estricta responsabilidad de los Estados y los gobiernos.

Como es posible, por ejemplo, que ante una situación de deficiencia del servicio energético  la respuesta   sea instalar plantas de emergencias o un inversor.

De igual forma, no es correcto que ante la falta de  agua potable de calidad y manera regular la reacción social sea la compra de un tinaco o un botellón de agua.

Pero más indignante e imperdonable es que,  ante la ineficiencia y la falta de acceso y cobertura en los sistemas de salud y educativo, los habitantes de este país  lo que hagan es transferirse al sector privado.

Pero eso sucede en otras áreas como el transporte colectivo, que a falta de un sistema organizado y seguro apelemos a la adquisición de una motocicleta u automóvil.

Pero señores, esta conducta ciudadana no termina ahí, la misma se extiende en otras áreas como  la vivienda, la seguridad social, la seguridad ciudadana, los espacios de diversión, en fin, no terminamos. En pleno siglo XXI y era de la posmodernidad eso es inconcebible, ¡es un absurdo!

La población tiene que despertar y empoderarse, reclamando su derecho a la dignidad y el bienestar social.

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