Por Ricky Noboa.- La presencia de Cristo es latente al remontarnos a los hechos que en sus 33 años de existencia terrenal le fueron de sacrificio para las acciones cristianas, al tiempo de identificar las miserias humanas expresadas en sentimientos poseídos de maldad y traición.  Nos dejó el mejor instrumento para vivir con calidad humana en “Su palabra”, con la cual mitigó el dolor, alimentando de esperanza a los hombres tras la búsqueda de la vida eterna en el espíritu.

También combatió a los farsantes representados en la tierra por las hordas de la desgracia.  La lucha por una mejor sociedad en valores es parte de nuestra responsabilidad cristiana y para ello, no podemos ser indiferentes a los corruptores presos de sus resentimientos que solo se alimentan de la avaricia.  Jesús fue muy claro al decir: “¡Ay de ustedes fariseos que dan el diezmo de la menta y de la ruda, y de toda clase de hortalizas, pero pasan por alto la justicia y el amor a Dios!”  El ideario de Duarte consolida ese sentir proyectándolo a la sublimidad del patriotismo.

Sus acciones expresaron su respeto y apego irrestricto a las normas institucionales. Su sacrificio fue la salvaguarda en la defensa de la identidad nacional.  El Padre de la Patria, honrosamente llamado “El Cristo de la Libertad”, exclamó a los vientos de la añorada democracia: “Sed justos, lo primero”.