Por RAMÓN MORRISON Los principales efectos de la pandemia son comunes a todas las naciones del mundo. Dos son los más evidentes: salud y economía; pero de los aprendizajes que se puedan derivar desde los Estados en su gestión pueden devenir en grandes avances.

Con respecto a la salud hay que reconocer las proactivas respuestas que la mayoría de los gobiernos han dado frente a la pandemia. Los que no lo han hecho así, han tenido que al menos rectificar ante las consecuencias de sus yerros; la más clara referencia corresponde a los EEUU que disponiendo de grandes recursos económicos y de los principales avances científicos sufre hoy de los peores efectos en fallecimientos y contagios. Aun así EEUU no ha dejado de hacer rectificaciones, y hay que reconocer que se encuentra entre los países que más efectivas respuestas han dado a la vacunación como solución, asumiendo compromisos financieros extraordinarios.

En cuanto a la economía las respuestas de las distintas naciones del mundo y los organismos internacionales han sido muy atinadas, implementando importantes avances de la Economía en cuanto a ciencia especialmente de la Macroeconomía que desde John Maynard Keynes en la década del 30 del siglo pasado se demostró que es posible desde el Estado en momentos de grandes crisis intervenir en la economía real y revertir sus tendencias.

Es cierto que los Estados en lo esencial han dado respuestas efectivas en distintas gradaciones ante los difíciles desafíos de salud y de la economía; pero será trascendente la contribución si la dura experiencia de la pandemia se convierte en un factor de innovación en la gestión en esos importantes sectores. En salud mediante la promoción y la prevención en cuanto a patologías que provocan muertes prevenibles inclusive con tasas muy superiores a las de la Covid-19 tales como las cardiovasculares o vinculadas junto a esas en general a los efectos del sobrepeso; hay que reenfocar la gestión de salud del Estado a partir de nuevas respuestas aprendidas enfrentando el coronavirus. Así como la drástica reducción –por ejemplo- de las muertes por accidentes de tránsito u homicidios de similares o más terribles efectos que el virus.

En cuanto a la economía, convertir de forma proactiva también recomendaciones de avances científicos en esa área, de grandes ventajas inclusive en lo estrictamente económico, ya demostradas, entre la que se destaca los efectos de una mayor equidad no sólo en lo distributivo, sino en cuanto a las oportunidades para los más vulnerables.

Impulsar a partir de las lecciones de la pandemia inaplazables avances en la gestión de la salud y la economía.

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