La recuperación se abre paso en America Latina, pero lo hace a muchas velocidades. De entre los grandes países de la región, solo uno —Chile— logrará recuperar íntegramente los niveles de prosperidad prepandemia en 2021, todo un logro si se tiene en cuenta el punto de partida: la mayor crisis del bloque en 120 años. Lo hará, según Las últimas previsiones económicas de la Orgabuzacion para la Cooperación y el Desarrollo Economico (OCDE) publicadas este lunes, en el tercer trimestre de 2021 —año y medio después del estallido de la covid-19—, a la vez que Japón, Polonia o Finlandia y bastante antes que el resto de vecinos.

Colombia y Brasil tendrán que esperar al tercer trimestre de 2022 para regresar a la renta per cápita anterior al virus; México hasta el ecuador de 2023 —a pesar del poder de tracción de su vecino del norte, Estados Unidos— y Argentina, el que más sufrió en 2020 (cuando su PIB se hundió un 9,9%), hasta —como pronto— principios de 2026. En todos los casos, sin embargo, la OCDE aplica una importante revisión al alza sobre las previsiones de crecimiento publicadas en diciembre del año pasado del ejercicio en curso y solo rebaja la proyección para el año que viene. Salvo en uno: de nuevo, Argentina.

“El rebote en América Latina, la región que más lento se va a recuperar, no está siendo nada uniforme”, apunta Aida Caldera, jefa de división en del departamento de Economía de la OCDE. “La vacunación está yendo más lenta, pero hay una cosa positiva que a casi todos los países les está viniendo muy bien: la mejora en el precio de las materias primas”.

En Chile, la velocidad de crucero en el proceso de vacunación —una excepción en la región y en prácticamente todo el bloque emergente con más del 45% de la población completamente vacunada y el 50% con al menos una dosis— es clave para que la OCDE confíe en la “reapertura completa de actividad doméstica a lo largo de la segunda mitad del año en curso”. Todo, a pesar de nueva ola de infecciones que está sufriendo el país andino, que ha obligado a aplicar nuevas restricciones.

También influyen, y mucho, la mejora de las perspectivas globales —de las que el país andino depende en gran medida por su exposición de cobre. Todo ello hace del país sudamericano un caso único en Latinoamérica, la región más zarandeada por la pandemia tanto en lo sanitario como en lo económico. El organismo con sede en París proyecta un rebote del 6,7% este año y del 3,5% el que viene gracias, en gran medida, al tirón del consumo privado y el encarecimiento del cobre, que supone la mitad de las exportaciones. En consonancia, la creación de empleo también “repuntará gradualmente”, según los técnicos del laboratorio de ideas de los países ricos.

Colombia y Brasil: objetivo 2022

Aún mayor será el crecimiento económico este año en Colombia, la economía que más rebotará de entre las grandes de la región. Pero, al partir de un desplome mayor en 2020 (cuando se hundió un 6,8%, ocho décimas más que Chile) y registrar un crecimiento de población ligeramente mayor, el regreso al PIB per cápita anteriores a la crisis se demorará algo más, con 2022 en el horizonte. Con todo, y a pesar de la convulsión social y las nuevas restricciones a la movilidad decretadas los últimos meses, su economía “ha rebotado con fuerza” desde la segunda mitad del año pasado gracias al incremento del consumo y la inversión.

El siguiente en discordia, Brasil, rebotará un 3,7% este año, una cifra notable pero insuficiente para regresar a los niveles de actividad anteriores a la crisis sanitaria tras el batacazo del 4,1% registrado en 2020. En 2022, cuando la OCDE sí espera que logre restañar la brecha, la mayor economía de América Latina se expandirá un 2,5% gracias al paulatino repunte del consumo y de la inversión. Aunque ambas proyecciones mejoran respecto a lo previsto en diciembre del año pasado, cuando el organismo publicó sus últimas previsiones mundiales, en comparación con la actualización de marzo pasado el rebote brasileño se mantiene igual este año y baja ligeramente (dos décimas) en 2022.

Las autoridades brasileñas se encuentran, sin embargo, con un obstáculo en el camino a la hora de mantener los estímulos que han dado vida la economía en los peores momentos de la pandemia: el incremento de los precios. “La inflación está haciendo el mix de política fiscal y monetaria más complicado”, escriben los técnicos del organismo. “Aunque aún se mantendrá un tono acomodaticio, el esperado endurecimiento de la política monetaria reducirá el apoyo para la economía”. Brasil es uno de los pocos países emergentes, junto con Turquía y Rusia, que ya ha elevado los tipos de interés para esquivar la espiral inflacionista.

México: una travesía de más de dos años

La segunda mayor economía latinoamericana, Mexico, rebotará un 5% este año y un 3,2% el que viene, cinco y dos décimas más de lo que pronosticaba la OCDE hace tres meses. Esta mejora, sin embargo, no será suficiente para que la renta per cápita regrese a los niveles prepandemia antes de mediados de 2023: una larga travesía de más de dos años desde la eclosión del coronavirus.

El organismo con sede en París valora el viento de cola que los potentes estímulos fiscales que esta aplicando EEUU suponen para sus exportaciones, así como el calendario de vacunación y la capacidad de resistencia mostrada por las remesas, una gran fuente de divisas para la economía mexicana. Y descarta presiones inflacionistas más allá del corto plazo, en el que el efecto comparación con un 2020 completamente atípico y el encarecimiento de la energía ha encendido algunas alarmas.

Los economistas de la OCDE, sin embargo, niegan la mayor: “La inflación irá a la baja dada la gran capacidad ociosa”. Hasta el punto de que ven, incluso, margen para más estímulo monetario —en plata: bajar las tasas de interés— si se acaba cumpliendo su pronóstico y los precios pican a la baja. “El de México de los pocos bancos centrales de la región y casi del mundo que tiene bastante margen aún para bajar tipos”, subraya Caldera. Mucho más preocupa en la OCDE “el aumento de las brechas de desigualdad, pobreza y género” que deja tras de sí la pandemia en el país norteamericano.

Argentina, la que más inquieta

Pero si un nombre inquieta al think tank en América Latina ese es el de Argentina, que no solo será la economía que más tardará en recuperar los niveles de prosperidad de entre los grandes países de la región sino también la que más se demorará del bloque emergente. Todo, a pesar de la subida acelerada que esta experimentando el precio de la soja, de la que es tercer exportador mundial. “Nos preocupa porque, más allá de lidiar con la pandemia debe definir una estrategia fiscal creíble para salir de la crisis y reducir el financiamiento monetario”, apunta Caldera.

Este año el crecimiento rondará el 6,1% en la nación austral, una cifra ni mucho menos despreciable pero también absolutamente insuficiente para paliar el hundimiento de casi el 10% registrado en 2020 y que irá desinflándose en 2022, hasta un enjuto 1,8%. “Los desequilibrios macroeconómicos persistentes y las nuevas restricciones a la movilidad seguirán lastrando la demanda y limitando la recuperación”, abundan los técnicos de la OCDE en el informe. “La continua monetización del déficit fiscal seguirá manteniendo elevada la inflación y, aunque la creación de empleo se recuperará lentamente, la elevada informalidad sigue siendo un motivo de preocupación”.

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