Las Fundación de Militares Constitucionalistas recuerdan que hace 57 años produjo un ataque de las tropas de intervención norteamericanas en contra del gobierno constitucional en armas que presidía el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, con la finalidad de destruir las fuerzas de militares y civiles que luchaban en favor de la democracia, para instaurar una nueva  y sangrienta dictadura militar al estilo de Trujillo.

El 15 de junio de 1965, en horas de la mañana, las tropas del ejército más poderoso del mundo, bajo el mando del general Bruce Palmer, iniciaron un ataque despiadado en contra de las tropas que luchaban en favor del respeto a la voluntad popular expresada en las elecciones del 20 de diciembre de 1962, el retorno al poder del presidente Juan Bosch, derrocado el 25 de septiembre de 1963, y el respeto a la soberanía nacional.

La sorpresa que se llevaron las tropas norteamericanas fue, tal vez, una de las más grande de su historia militar, ya que en todo el cordón de la zona constitucionalista se combatió con espíritu de leyenda. Las tropas civiles y militares que defendían la libertad, la democracia y la dignidad de nuestra Patria, resistieron el ataque durante unas 20 horas, donde cayeron unas 67 personas muertas, 172 heridas, fruto de más de 1865 disparos de gruesos calibres que estremecían la zona, pero que levantaban hasta el infinito el espíritu de lucha histórica de nuestro pueblo.

Esos dos días deben ser inolvidables, para nuestra sociedad de hoy. Fue el día en que la democracia se vistió de gloria, ya que, de haber sido vencidas las tropas constitucionalistas, se hubiera instaurado una dictadura militar bajo la dirección del gobierno de Reconstrucción Nacional que presidía el general Antonio Imbert Barrera, un héroe nacional que, al ponerse del lado de una intervención que violaba nuestra soberanía nacional, enlutó su nombre.